Fracturas de tobillo
Las fracturas de tobillo bien tratadas permiten una recuperación completa. El objetivo es recuperar la anatomía exacta para que la articulación funcione correctamente durante décadas.
Una lesión que exige precisión anatómica para un buen resultado
Las fracturas de tobillo afectan a uno o varios de los tres pilares óseos de la articulación: el maléolo peroneo, el maléolo tibial interno y el maléolo posterior. Según cuántos estén rotos hablamos de fractura unimaleolar, bimaleolar o trimaleolar. Cuando la fractura afecta a la superficie articular de la tibia distal, hablamos de fractura de pilón tibial, una lesión de mayor complejidad.
La clasificación de Lauge-Hansen, basada en el mecanismo lesional y la secuencia de rotura, orienta la planificación quirúrgica. El TAC preoperatorio es fundamental en las fracturas complejas para entender el patrón exacto de las líneas de fractura antes de entrar al quirófano.
No todas las fracturas de tobillo se operan. La decisión depende del desplazamiento, la estabilidad articular y la actividad del paciente. Cuando la cirugía está indicada, la osteosíntesis con placa y tornillos restaura la anatomía y permite una rehabilitación precoz.
Síntomas frecuentes
- Dolor intenso e inmediato tras el traumatismo
- Edema rápido y progresivo del tobillo
- Incapacidad para apoyar el pie en el suelo
- Deformidad visible del contorno del tobillo
- Equimosis que se extiende en las primeras horas
- Crepitación o sensación de inestabilidad ósea
Desde urgencias hasta la vuelta a la actividad
El tratamiento de una fractura de tobillo es un proceso continuo que comienza en urgencias y termina cuando el paciente ha recuperado su función completa.
Urgencias y diagnóstico radiológico
Radiografías en proyecciones regladas para identificar el tipo de fractura, el desplazamiento y la congruencia articular.
Inmovilización inicial
Férula de yeso o bota en espera de la cirugía. Control del edema con elevación y frío. Valoración del estado de la piel.
Planificación quirúrgica con TAC
El TAC es imprescindible en fracturas complejas. Permite planificar el abordaje, el implante y la secuencia de reducción.
Reducción y fijación interna
Osteosíntesis con placas y tornillos. Se restaura la longitud del peroné, la sindesmosis y, si procede, el maléolo posterior.
Rehabilitación progresiva
Carga progresiva según la consolidación. Fisioterapia para recuperar el arco de movilidad, la fuerza y la propiocepción.
Vuelta a la actividad
Seguimiento radiológico hasta la consolidación completa y protocolo de retorno al deporte adaptado a cada paciente.
Lo que los pacientes me preguntan
01¿Cuándo se opera una fractura de tobillo y cuándo se trata de forma conservadora?
Las fracturas sin desplazamiento o con mínima inestabilidad articular pueden tratarse con inmovilización y descarga. Las fracturas desplazadas, las bimaleolares y trimaleolares, y cualquier fractura con incongruencia de la articulación del tobillo requieren habitualmente cirugía para recuperar la anatomía exacta.
02¿Se retira el material de osteosíntesis?
No de forma sistemática. Los tornillos de la placa pueden quedarse de por vida sin problema. El tornillo de sindesmosis, cuando se usa, sí suele retirarse entre los 3 y 6 meses tras la cirugía. La decisión se toma caso a caso según la evolución clínica.
03¿Cuánto tiempo se está sin apoyar tras la cirugía?
Depende del tipo de fractura y de la fijación lograda. En la mayoría de los casos, entre 4 y 6 semanas de descarga parcial o total, seguidas de carga progresiva con control radiológico. Los plazos exactos se individualizan en cada revisión.
04¿Una fractura de tobillo puede dejar artrosis?
Si la reducción es anatómica y la articulación queda perfectamente congruente, el riesgo de artrosis postraumática es bajo. Las fracturas con impactación cartilaginosa importante, como el pilón tibial, tienen más probabilidad de desarrollar artrosis a largo plazo, aunque una cirugía precisa reduce significativamente ese riesgo.
05¿Se puede volver a hacer deporte tras una fractura de tobillo?
En la gran mayoría de los casos sí. El retorno al deporte se produce entre los 4 y 6 meses según el tipo de fractura, la actividad practicada y la evolución de la rehabilitación. Un protocolo progresivo de carga, fuerza y propiocepción es clave para llegar en condiciones y evitar recaídas.