La fasciitis plantar es el dolor más frecuente del talón. La buena noticia: bien tratada, en la mayoría de los casos se resuelve sin pasar por quirófano.
La fascia plantar es una banda fibrosa potente que va desde el calcáneo hasta los dedos y sostiene la bóveda del pie. Cuando se inflama o sufre microrroturas de repetición, aparece un dolor intenso en la zona interna del talón.
El síntoma más característico es el dolor de los primeros pasos por la mañana o tras periodos de reposo, que va mejorando al caminar pero reaparece al final del día.
Suele asociarse a sobrecarga, calzado inadecuado, sobrepeso, deporte de impacto o anatomía del pie (pie cavo o pie plano).
La cirugía es la última opción. Antes, hay un protocolo bien estructurado que resuelve la mayoría de los casos.
Exploración del pie, análisis de la marcha, radiografías y ecografía. Diagnóstico preciso antes de tratar.
Programa diario de estiramientos de fascia, gemelos y sóleo. La base del tratamiento conservador.
Ortesis adaptadas a tu pisada para descargar la fascia y corregir la biomecánica.
Tratamiento por sesiones que estimula la regeneración del tejido. Buenos resultados en cronicidad.
Corticoides o factores de crecimiento ecoguiados en los casos resistentes al tratamiento conservador.
Liberación percutánea de la fascia para los casos que no responden tras 6-12 meses de tratamiento bien hecho.
Con tratamiento adecuado, la mayoría de los casos se resuelven entre 3 y 6 meses. Los casos crónicos pueden requerir hasta un año de tratamiento combinado.
No es necesario parar por completo. Modificamos el deporte (cambiar correr por bici o natación), ajustamos las cargas y mantenemos la actividad para no perder forma física.
No exactamente. El espolón es una calcificación que muchas veces aparece junto a la fasciitis, pero suele ser la consecuencia, no la causa del dolor. Tratar la fasciitis suele resolver el problema sin tocar el espolón.
Cuando el dolor persiste tras 6-12 meses de tratamiento conservador bien realizado y limita la vida diaria. La cirugía actual es percutánea y la recuperación es rápida.
Sí, realizadas con control ecográfico y en número limitado (no más de 2-3). Las infiltraciones repetidas pueden debilitar la fascia, por eso las usamos de forma puntual.