Las alteraciones del arco plantar —ya sea demasiado bajo (pie plano) o demasiado elevado (pie cavo)— pueden provocar dolor crónico, inestabilidad y lesiones de repetición. Cuando el tratamiento conservador no es suficiente, la cirugía reconstructiva ofrece resultados duraderos.
El pie plano adulto adquirido es la pérdida progresiva del arco longitudinal medial del pie. En la mayoría de casos está relacionado con la insuficiencia del tendón tibial posterior, que es el principal tensor del arco.
Provoca dolor en el tobillo interno, fatiga al caminar, inflamación en la cara interna del pie y, en estadios avanzados, artrosis del mediopié y tobillo. Puede aparecer a cualquier edad, aunque es más frecuente a partir de los 40-50 años.
El pie cavo tiene un arco longitudinal excesivamente alto. El peso se concentra en el talón y en la cabeza de los metatarsianos, lo que genera callosidades, metatarsalgia, dedos en garra y una mayor predisposición a esguinces y fracturas de estrés.
En muchos casos tiene un origen neurológico (enfermedad de Charcot-Marie-Tooth u otras neuropatías), por lo que siempre conviene investigar la causa antes de planificar el tratamiento.
Plantillas ortopédicas personalizadas, fisioterapia y modificación de la actividad. Indicado en estadios iniciales o en pacientes sin indicación quirúrgica. No corrige la deformidad estructural.
Alargamientos tendinosos, transferencias musculares o reparación del tendón tibial posterior en pie plano. Indicada cuando el esqueleto del pie es aún flexible y reductible.
Osteotomías del calcáneo, del mediopié o del antepié para corregir la alineación del arco de forma estructural. En estadios avanzados con artrosis, puede ser necesaria la artrodesis parcial.
No. La mayoría de pies planos se controlan bien con plantillas y fisioterapia. La cirugía se indica cuando hay dolor que no responde al tratamiento conservador, cuando la deformidad progresa o cuando aparecen complicaciones articulares.
La cirugía reconstructiva del arco plantar suele requerir entre 8 y 12 semanas con descarga parcial o total. La vuelta a la actividad deportiva puede llevar entre 4 y 6 meses según el procedimiento realizado.
No siempre, pero hay que descartarlo. Aproximadamente el 60-70% de los pies cavos tienen algún componente neurológico subyacente. Por eso la valoración inicial incluye exploración neurológica y, en muchos casos, estudios de conducción nerviosa.
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